Los atardeceres eran cubiertos por un aire de quietud.
Esa quietud que advierte, desde tiempos remotos, que cada crío debe quedar a resguardo de los innumerables peligros inherentes a la oscuridad.
La noche, larga, se despliega sobre cada paraje, fundiendo cada sombra en la oscuridad total.
La manada de leones comienza a movilizarse, despertando de su letargo, para pasar a ese estado de alerta, y las leonas se agrupan, tomando el camino en una estrategia conocida, la de seleccionar el lugar más provechoso, con más posibilidades de cumplir su rutinaria tarea.
Las presas más grandes ofrecen mayor resistencia, y las más agiles se mueven con mayor velocidad.
La cuadrilla de machos acompaña cerrando las áreas de posible escape, afianzando la acción de las hembras.
Se guían por el olfato, seleccionando entre tantas emanaciones, encontrando la ruta correcta.
Aun el grupo elegido no advierte la situación de extremo peligro, aun estando en constante alerta a cualquier señal percibida del entorno.
Los grandes felinos se acercan, con sangre fría, enfocados en su objetivo, el instinto despierto, midiendo distancias y evaluando toda la situación.
Evitando cualquier posibilidad de error, se movilizan con paso imperceptible, acariciando el terreno con su bello pelaje.
Las garras, aceradas, poderosas, certeras, son afiladas en los arboles que les dan sombra.
Los colmillos, una vez incrustados en el lugar preciso, penetran lacerando arterias vitales, produciendo una rápida e irreversible perdida de la fuerza, entregando a su víctima a un destino inevitable.
Las colosales fieras, en este proceso, están en plena faena, exitadas, con el objetivo en la mira, calculando con la mayor exactitud el momento preciso, listas a cada segundo para lanzarse con todo su poder.
La adrenalina fluye a borbotones recorriendo completo su figura, ellos son la maquina en perfecta sincronización, preparadas para la acción repentina y violenta.
El corazón bombea litros de sangre en minutos, abasteciendo esa increíble maquinaria, bella y mortal.
1 comment:
Muy bueno Danyel, la verdad es que estaba muy desacostumbrado a leer cuentos y relatos de este tipo.
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