Sunday, December 03, 2006

El viaje

Juan estaba sentado al lado del teléfono, esperando. Cuando sonó recibió el mensaje temido, debía ir.
La noche se presentaba con mucha lluvia.
Cualquier otro motivo hubiera hecho más fácil la decisión, pero ésta no se podía postergar.
Él sabía que pasaría si no iba.

Tomó las llaves de su camioneta, subió y encendió el avejentado motor.
Tomó el camino principal hacia la ruta interprovincial.
Negros pensamientos vinieron a su mente, mientras cruzaba el gran bosque del oeste, cuyos claros eran anunciados por los resplandores de los truenos.
Ningun otro vehiculo circulaba a esas horas por ese camino, la soledad era abrumadora, pero Juan seguía su rumbo.

Calculaba el tiempo que le restaba para llegar al cruce con la ruta nacional, pues debía tener cuidado de no retrasarse demasiado, pues era conocido el estado precario del puente sobre el caudaloso río.
En esa época del año eran comunes las grandes crecidas, y cada vez se hacía más fragil la estructura que sostenía el viejo puente de madera.
De pronto, vió una luz, muy tenue, a lo lejos.

A medida que avanzaba iba aumentando su nitidez y, por momentos, debido a las salientes del bosque sobre la ruta, desaparecía de su vista, hasta volver a verla. Juan aumentó su desasosiego, pensando lo peor. La lluvia arreciaba con más fuerza.
Pensó en esperar unos minutos al costado del camino, pero no se decidió. Al acercarse más, y gracias al aumento de la claridad del amanecer, pudo distinguir que se trataba de un omnibus, estacionado al costado de la carretera.


Cuando estuvo a punto de pasar por ese lugar, pudo ver una silueta al volante, como esperando....
En seguida Juan observó por el retrovisor, el omnibuscomenzó a moverse, abriéndose para realizar un giro sobre la ruta, para ir en la dirección de Juan.

Juan quiso avanzar más rapido, pero el viejo motor acusaba su máxima velocidad.

El omnibus comenzó a acortar distancia. Juan tomó la recta final que lo conducía hacia el puente, y desde lejos pudo ver la crecida del río, amenazando al puente con su poderosa turbulencia...

Iba a cruzarlo. Al momento de comenzar a transitar el puente, su perseguidor se detuvo, como analizando la situación, de mayor riesgo por el peso del omnibus.

Cuando Juan llegó a la otra punta, su perseguidor comenzó a cruzar los primeros metros, lentamente. Cuando estaba ya en la mitad del recorrido, una la columna de madera, con estrepitoso chirrido, se quebró bajo la fuerza de la corriente, ladeando el puente hasta un grado máximo.
Juan mantuvo su marcha sin perder de vista cada detalle.
Recién cuando el puente se desmoronó completamente, Juan pudo continuar tranquilo, retornando a sus pensamientos mientras prendía un cigarrillo.

1 comment:

Adrian Garcia said...

Hola Dany!
Un gustazo leer tu blogf... sigo ñleyendo.
Te dejo un abrazo